11 febrero 2013

Una vez

Una vez soñé que no había una vez,
sino dos y luego me confundí
porque cada una
empezaba con una vez
y ya no sé cuál es la primera.

Hazme un instrumento.

Dos notas agudas salieron del tendón.  La piel permanecía expuesta, en tiras delgadas. El músculo hecho a un lado, palpitaba vivo. Cada dedo pulsaba las cuerdas que no eran más que pedazos vivientes de un cuerpo partido por la mitad, luego en cuartos, octavos e infinidad de líneas que se hacían profundas.

La sensibilidad existía. Cada vez menos.





Bombilla

Había una vez una bombilla, enamorada de su propio resplandor.
Moría en el día, envidiosa del sol,
porque el mundo se convertía en un lugar frío, hostil y aburrido.
Renacía en la noche, cuando la oscuridad la hacía necesaria.
Se iluminaba dolorosamente por dentro, en todo su esplendor.

Hasta que se quemó.


04 febrero 2013

Laura

 Miguel asomó por la ventana. Le gustaba ver a Laura, la menor de los Martínez, despidiéndose del novio de turno. A veces eran besos bajo la lámpara, a veces los vidrios polarizados lo dejaban inquieto, imaginando lo que sucedía dentro.
Entonces Miguel sentía fiebre, sudaba, respiraba agitado y tenía pesadillas en las que aparecía dentro del coche de vidrios oscuros, besando a Laura, hurgando bajo la falda, saboreando con los dedos el encaje del sostén. La apretaba fuerte, la llenaba de saliva, la marcaba para siempre y entonces, abría los ojos y no era Laura, era otro Miguel.



De alguien que pretendía salir ilesa.

Ya no hay eco
el sonido no existe,
ni el torrente
ni la luz

Todo es silencio
aquí dentro
el miedo de alguien
que no conozco
se enroscó en mi piel
su grito me dejó callada
su miedo se llevó mi fé 

Tampoco hay lágrimas
no queda ninguna
todas se las llevó ella
todas las usó
con cada golpe
con cada herida
con la saliva indeseada
con el tacto ajeno
con el asco pegado en la frente
con la gana de morirse sin sentir

No sé su nombre
pero la siento inmensa
fría
temblando queda
aquí dentro.

No huele a nada
no dice nada
solo se ciñe y se guarda
y ya no quiere más

Soy su escondite
su puerta cerrada
la nula posibilidad de escapar
un agujero en la pared, que no es suficiente
un camino que nunca verá

porque solo es sombra
porque las lágrimas no curan
no lavan
no quitan la vergüenza,
el miedo, el sudor ajeno,
el peso que ahoga,
la piel que se desgarra,
la sangre salada. 

Y yo soy solo un muñón,
inútil,
como el resto
como todos
como siempre.




01 febrero 2013

7:30

Subí la pequeña cuesta que da a nuestra calle, despacio. Las mañanas encuentran algo de calma después de las 7:30.  Es un barrio sencillo y siempre hay niños jugando. Él giraba el timón. La bicicleta le quedaba pequeña, pero parecía no importarle.  La cara alargada y morena, demasiado grande para el resto del cuerpo.  La cabellera enredada ocultaba algunos rizos, que quizá no lo eran. Una sonrisa plana. El mundo no existía, era él y los pedales. Él y una ligera velocidad. Él y un mundo particular que no estaba frente a sus ojos sino detrás.

Y algo tibio me nació dentro.

31 enero 2013

Izquierdosa

Soy un monstruo, uno bien feo.
Reté a la institución del matrimonio y decidí que vivir sola me hacía feliz, lo que me convierte en un atentado contra el status quo y la estabilidad del sistema.
No soy atea, pero tampoco soy creyente, no voy a la iglesia y eso me convierte en mala influencia.
Tengo un tatuaje en la piel y eso me ha de volver marera.
Uso el pelo corto y eso le da a la gente un poco de lástima, no solo por el sacrificio de mi cabellera, sino porque asumen que es una penitencia que llevo profunda y con dolor o bien una forma de rebeldía.
Creo que cada quien es libre de vivir su sexualidad a su gusto y antojo y eso me hace lesbiana, "defensora de huecos" y desubicada. Yo estoy mal, porque su biblia dice que debe ser hombre y mujer, casados y aprobados por la sociedad. Amén.
Además defiendo la vida, lo que me hace ser guerrillera e izquierdosa, dentro de la amplitud de su discernimiento.
Total: soy el caos.
Mucho gusto.

-Tía, ¿qué pensarías si te dieras cuenta que sos un robot? pregunta mi sobrino de 6 años.
- ¿Y si te dieras cuenta que todos lo somos? añade mi hija.

Y me dejaron pensando.

18 enero 2013

Credo

Creo:

1. En la vida y a huevos, esto incluye la muerte.

2. En la coherencia, porque nunca he sido más feliz que cuando coincide lo que pienso con lo que hago.

3. Creo en la humanidad y en un par de cosas esenciales que nos ayudan a convivir aunque no convivamos, como el respeto a los derechos del otro y la otra y algunas obligaciones necesarias para este sistema que aunque no me gusta, abordo diariamente, como pagar impuestos, cumplir con mi trabajo, pagar lo justo, no contaminar, bla-bla-blá. Bla-bla-blá.

4. Creo en el amor en cualquiera de sus formas, el amor bonito, cálido, tierno; el amor intenso, el que se apaga rápido, el que atropella, el que crece, el que resplandece y creo en su muerte natural o no, lo que sea y que pueda convivir con la libertad: alimenta.

5. Creo en las reacciones químicas, en el instinto de supervivencia, en la ciencia y en las fórmulas que nunca son las mismas para todos.

6. Creo en las preguntas y en las infinitas formas de respuesta, en las espirales, en el eco, en el tiempo, en las coincidencias y en aquellas que no lo son pero que condimentan, de alguna forma, eventos que de otra forma serían planos y sin gracia.

7. Creo en el arte y creo en vivir. Es redundancia, porque no se puede vivir sin arte y viceversa y en cierta forma he elegido vivir mi vida esculpiendo cada detalle de acuerdo a lo que me gusta: puede ser un trozo absurdo e informe o una cornisa elaborada. Yo la decido, o decido no decidir, pero es esta propiedad de decisión la que me inunda y me hace nadar todos los días, con tabla o sin tabla de surf, contenerme dentro de la balsa o abandonarme en el agua profunda o no nadar, que al final el no tener plan es un buen plan.

Así, querido terapeuta, que no tengo mucha complejidad para mostrarle.  Solo estos puntos. El detalle lo voy construyendo.  A veces me lo invento y me cuadra. A veces me toca levantarme del suelo, sacudirme las rodillas y seguir caminando. A veces lloro y a veces río y eso me recuerda el punto número 8:

8. Río, como y lloro con ganas, porque la risa y el llanto son como el amor, si se guardan se pudren. Y la comida ¡ay! no tengo justificación para ese pecado.

Son 8, el resultado de sumar 4 y 4. Es decir, doblemente perfecto. (¿Otra coincidencia?)

Tarea cumplida.

Lo veo en febrero.


16 enero 2013

Blanco y negro


Quiero tomarle una foto a la tristeza, no imagino si será gris, si mostrará una sombra. Si esa sombra será la de mi madre, caminando sola y soltando su propia vida de un amor de muchas décadas. Tampoco sé si será tu sombra, la que ahora se inunda de sí misma y se ahoga, incapaz de sobrepasar un amor que se te quedó a medias.  Tampoco sé si la tristeza será un arcoiris reflejado en el sorbo que das cada noche entre viernes y domingo, buscándome a mi o a ella, o a mi en ella o a ella en mi, o a vos en nosotras o a nosotras en vos. Tampoco sé si tu rutina calmada, tus recursos fáciles y esa risa burlona será la tristeza, cuando en la noche buscás no encontrarme y lees sin que te lea, refugiándote en un amor mediocre, que se siente seguro detrás del silencio.

Puede que la tristeza sea un espejo y entonces descubriré el eco y no podré captarlo a menos que me lo invente, como suelo hacer con todo. Y entonces no tendrá importancia. Ni el color, ni el encuadre, ni la profundidad de campo, ni la composición.
Es solo el reflejo.  


¿Te apuntás?

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Si pudiera dejar de escribir, seguramente lo haría. Mis otros blogs: lilianavillatoro.wordpress.com oracogeecocaro.blogspot.com eldecalogodelciempies.blogspot.com